Relaciones dependientes...

Esta semana os quiero hablar del apego y la dependencia. Los seres humanos somos seres altamente emocionales. Nuestro bienestar emocional y psicológico forma parte de nuestro propósito de conseguir la felicidad. En el ámbito del trabajo, nos gusta que nos tengan en cuenta, ser respetados y valorados por nuestros superiores.

Hay un afán de querer ser imprescindibles, ejercer de salvador de los demás para recibir la palmadita en el hombro de “bien hecho”.

En las relaciones personales de pareja o amistad pasa lo mismo, deseamos convertirnos en la pareja perfecta o el amigo incondicional con el que puedes contar siempre, en definitiva nos aferramos a esas sensaciones agradables cuando nos dicen “ Te amo” “ Te necesito” “ Eres mi mejor amig@” . Cuando conseguimos que alguien nos diga esas palabras tan dulces y placenteras, despierta el deseo de seguir cosechando más sensaciones que nos dejen experimentar esos momentos siempre.

Cuando eres padre, las fases evolutivas del niño son lecciones prácticas de la vida misma donde hay que aprender a soltar, dejar espacio a la libertad, que se materializa muy bien desde el primer día del nacimiento con el corte del cordón umbilical. Las personas muy dependientes son generosas con los demás, sin embargo bajo el disfraz del altruismo a veces se oculta la necesidad de hacerse imprescindible para alguien. Y muchas veces los “salvadores” que ayudan a los demás se sienten decepcionados cuando no se les ofrece el mismo trato y saltan las quejas aunque supuestamente ayudan sin esperar nada a cambio. En el terreno de la pareja, aún es más complejo por que hay muchas más emociones e intereses involucrados. Hace unos años, en la época de juventud de mis padres, hace ya algo más de 50 años, este papel dependiente era muy común en los matrimonios, donde la mujer se convertía en pieza imprescindible de la casa y el hombre en la parte facilitadora del dinero.

Ahora los roles son más equitativos, pero la dependencia ha pasado más a estar en el foco de los hijos.

Los padres hacemos al niño dependiente de nosotros, desde la infancia hasta la edad adulta, en muchos casos acompañado de una dependencia económica. En las guarderías se dice que los periodos de adaptación son cada vez más largos, de 2-3 días hemos pasado a casí 1 mes. Es verdad que no se puede generalizar, pero sí creo que estamos ejerciendo una hiperprotección de los niños. No es natural proteger a los seres humanos del sufrimiento; por que experimentar un malestar, una decepción es dejar que crezcan libres. El apego y la dependencia son las semillas de un sufrimiento, que siempre en algún momento de nuestras vidas vamos a experimentar. Sobreproteger es desproteger! Y lo mismo para cualquier relación que tengamos en la vida. Lo natural es que no siempre uno tiene lo que desea, a veces no tenemos más remedio que aceptar las cosas como son. Ignoramos que la paz y felicidad absoluta reside en la libertad de uno y con los demás.

Para conocer mejor esa verdad, hay conocernos a nosotros mismos, empezando por ser conscientes pero quitando de la ecuación la razón, y pasando a la trascendentalidad.

Cuando practicas la meditación, transcendemos del pensamiento a un estado de no pensar, y podemos llegar a experimentar la consciencia transcendental para así llegar a esa liberación que todos quisiéramos conseguir tanto de la ignorancia como su consecuencia, el apego.






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